PUERTA DE A MARIÑA

El peso y el sabor de la historia están presentes en Viveiro como en pocas poblaciones gallegas. Con un destacado papel en la Galicia medieval, la villa acumula huellas ilustres y piedras nobles, desde los vestigios de Roma hasta los días de la resistencia frente a la invasión napoleónica. Su valioso patrimonio histórico se cruza con figuras como Fernán Pérez de Andrade o el mariscal Pardo de Cela, a quien parece que la ciudad no echó de menos tras su marcha. Todo permanece vivo en las calles de una hermosa población que se abre a la gran playa de Covas y disfruta del entorno formado por el valle del Landro y la ría a la que da nombre. Una visita inexcusable.

Puerta de Carlos V y Puente de la Misericordia

La imponente Puerta de Carlos V es una de las tres que conserva Viveiro de su antigua muralla. Fue levantada en el siglo XVI en honor al emperador, por haber eximido a la villa del pago de impuestos mientras se recuperaba de un grave incendio. El puente que la une con la Capilla de la Misericordia, en la orilla opuesta, fue también reconstruido en tiempos del de Habsburgo, aunque su existencia parece remontarse a épocas muy anteriores y está ligada a la población desde sus orígenes.

Mirador de San Roque

Terminaba la Edad Media cuando Viveiro, como tantos otros lugares, sufrió la peste. Y, como tantos otros lugares, pidió a San Roque protección contra el terrible mal. En lo alto del monte que lleva el nombre del santo está la capilla que los viveirenses le dedicaron, rodeada por un bonito entorno que ofrece, además, soberbias vistas de la ría y el puerto de Celeiro.

Semana Santa

Tradición e innovación definen la Semana Santa de Viveiro, ocho siglos de historia que van unidos a las órdenes mendicantes de franciscanos y dominicos, de ellas nacieron los dos actos principales: El Encuentro y el  escendimiento ambos con imágenes articuladas. Las recientes cofradías y hermandades aportaron nuevas imágenes y procesiones que conservan la sobriedad y humildad de sus orígenes.

Souto da Retorta

Junto a las aguas del río Landro echan raíces los eucaliptos más antiguos de todo el territorio gallego. El paraje, declarado Monumento Natural, cuenta con muchas otras especies propias del bosque atlántico, pero su mayor singularidad es ese eucaliptal centenario cuyo ejemplar más venerable, O Avó, alcanza los 10,5 metros de perímetro. Se trata del árbol más grande de España y uno de los mayores de Europa.