LAS HUELLAS DEL MARISCAL

Se cruzan en el municipio de Alfoz varios de los rasgos que sirven de seña
de identidad a la comarca, y aún a Galicia entera: la vinculación mágica y ancestral con la tierra, en Pena Abaladoira; la naturaleza salvaje, en la cascada de O Escouridal; y también el rastro de una historia que aquí gira, de forma inevitable, en torno a la indescifrable personalidad del mariscal Pedro Pardo de Cela. Tanto el Castillo de Castro de Ouro como, sobre todo, los vestigios de la célebre fortaleza de A Frouxeira, son parte esencial de una aventura que terminó con la cabeza del noble rodando por la plaza de Mondoñedo y su figura sumergiéndose en las profundas aguas de la leyenda.

Finca  Galea

En este sugestivo paraje natural con arroyos, estanques, árboles y prados se sitúa un pazo rehabilitado que funciona hoy como alojamiento rural. El mismo entorno acoge el Museo del Agua, que incluye un viejo molino restaurado y un batán. Vale la pena recorrer el lugar y descubrir con calma sus cuidados rincones a orillas del río Ouro.

 Castillo de A  Frouxeira

Sobre la cima homónima, y en el límite de los actuales municipios de Foz y Alfoz, se emplazó este casi mítico castillo del que hoy únicamente quedan marcas en la piedra. Pedro Pardo de Cela, cuya verdadera historia resulta muy difícil desentrañar, resistió en la fortificación el asedio de las tropas castellanas durante tres años, hasta que sus criados traicionaron y entregaron a su señor. El mariscal fue decapitado, y su fortaleza arrasada por completo.

Pena  Abaladoira

Varios son los rituales que, desde tiempos remotos, se practicaron sobre esta gran roca de granito a la que se atribuían poderes mágicos. Algunos tenían como fin remediar los problemas de fertilidad de las parejas, y otros, vinculados a la acción de abalar la piedra, servían para dar y quitar razones en disputas y litigios. También para comprobar si el acusado de un delito, o una mujer cuya virginidad era puesta en duda, decían o no la verdad.

 Cascada del  Escouridal

En estas tierras, una de las obligaciones del viajero es acercarse a ver el espectáculo que ofrecen las aguas del río Guilfonso en su caída sobre un enorme e intrincado tobogán de roca. La majestuosa fervenza, con sus ochenta metros de saltos y pozas, es una de las más altas e impresionantes de Galicia y marca la división entre los ayuntamientos de Alfoz y Valadouro.